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El diamante es la materia más dura que se conoce, 10 en la escala de Mohs (que va de 1 a 10). La “dureza” significa que esta materia sólo se puede rayar al contacto con otro diamante.
Limpiar el diamante
Y no se trata de oponer dureza y fragilidad. Al contrario, un diamante puede resultar extremadamente frágil. Por ejemplo, una inclusión puede desencadenar el desprendimiento de un plano de exfoliación. Cualquier choque, pues, puede resultar fatal, sobre todo en las puntas, que se pueden romper bajo el efecto del engastado.
Para que conserve su destello, hay que limpiar el diamante mediante un producto jabonoso desengrasante y aclararlo con agua caliente. En caso de engaste con residuos incrustados, se recomienda hervirlo en agua mezclada con muy poco lavavajillas y un tapón de lejía.
Utilizar un cepillo para desprender los residuos ablandados con el baño en caso necesario. Observación: el diamante no teme ningún ácido y aguanta temperaturas elevadas.
Limpiar el diamant
Limpiar el anillo
En cuanto a la montura, sobre todo cuando se trata de un anillo (anillo de compromiso o anillo diamante por ejemplo), recibirá una multitud de choques pequeños, a veces imperceptibles, en la mano. Su desgaste, provocado por la vida cotidiana, se debe vigilar con el fin de descubrir las anomalías mediante una simple lupa de lectura y comprobar que la piedra no se mueve y el metal cubre la piedra adecuadamente.

